Falta sólo una semana y aún hay confusión acerca del plebiscito del 17 de diciembre. Todavía se escuchan afirmaciones como: estoy en contra de Boric y el Gobierno, así es que voto En Contra; o, nunca estuve de acuerdo en cambiar la Constitución, prefiero quedarme con la del General Pinochet. Los dos ejemplos que doy (hay más) los he escuchado esta semana y son un reflejo del cansancio y hastío que hay entre los chilenos por el proceso constitucional, al punto que ha logrado nublar el entendimiento de algunos y hacer que otros no se informen bien.
Como resultará evidente para quien lo piense serenamente, quien tiene una posición muy contraria al Gobierno de Boric, sus políticas y sus ideas, terminará favoreciéndolo si es que vota En Contra y esa opción gana el plebiscito. Primero, por una cuestión política básica: si procede así estará salvando a Boric y su gobierno de una gran y tercera derrota consecutiva: 1) Rechazo el 7 de septiembre, 2) derrota en elección de consejeros el 7 de mayo y 3) triunfo del A Favor por una Constitución redactada por una mayoría de derecha y votada en contra por toda la izquierda. Algunos dicen que no es una constitución de derecha, que es “onunista”, que es socialista. Cuarenta años en las políticas públicas me llevan a pensar que están confundidos, porque de buena fe no es posible para quien defiende una sociedad libre concluir eso. Es cierto que no es la constitución ideal, pero no es tampoco ninguna de esas cosas; si así fuera, comunistas y socialistas la votarían a favor. Si gana En Contra se anula parte del efecto del Rechazo: aunque sea un triunfo más estrecho, Boric jugará al empate y dirá que aquí no ha pasado nada. Insistirá con sus dañinas reformas. Si pierde, en cambio, no tendrá respaldo político para continuar su proyecto socialista.
Veamos el otro caso, el de quien quiere quedarse con la constitución del General Pinochet. Imposible, ya no existe. No sólo porque le han hecho muchos cambios, tanto que lleva la firma de Ricardo Lagos; sino además porque ya no hay leyes orgánicas constitucionales con quórum que hacen difícil modificarlas, pues una reciente reforma las transformó en leyes que se aprueban con simple mayoría.
Además, la Constitución (que algunos creen es la de Pinochet) se modifica sólo con 4/7 de los votos (57%). La nueva requiere 3/5, más difícil de lograr. ¿Cuántas veces se han cambiado leyes importantes (binominal) con tres o cuatro votos de parlamentarios de derecha? Eso ocurriría si gana el En Contra y la izquierda empieza a mandar reformas constitucionales al congreso que terminen de desfigurar la actual.
La Constitución que se vota el 17 de diciembre no es ideal, pero es mejor y más segura que la que tenemos. Aprobarla sería propinarle una dura derrota a Boric y cerrar el ciclo que comenzó el 18 de octubre de 2019.
Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-