Quién lo hubiera pensado. La focalización del gasto social y la disciplina fiscal, dos ideas tantas veces denostadas por el Frente Amplio, hoy son los pilares de la única buena noticia que le ha tocado entregar al Presidente Boric en los últimos meses: la histórica disminución de la pobreza.
Los positivos resultados de la encuesta CASEN son fruto del modelo de desarrollo chileno que, tras la pandemia, vuelven a la trayectoria de reducir aceleradamente el número de familias que viven en la pobreza que comenzó en hace más de 30 años.
Reducir la pobreza requiere de dos palancas: desarrollo económico y apoyo para quienes más lo necesitan. Entre 2017 y 2022, solo la segunda hizo la pega. La caída de la pobreza pudo haber sido mayor, pero en ese periodo Chile prácticamente no creció: el PIB per cápita de Chile subió 1% versus el promedio mundial de 1,6%. Malasia y Panamá crecieron más que el doble de Chile, y Estonia rozó el 3%. El bajo crecimiento explicó por qué los ingresos generados por los chilenos cayeron.
Lo bueno es que la política social (bonos y subsidios), pudo más que compensar esas caídas, pero ello no fue gratis. Por ejemplo, la deuda bruta del Gobierno pasó de 23,6% del PIB en 2017 a 38% en 2022, un salto que solo fue posible gracias a la responsabilidad fiscal.
Sin embargo, la derrota de la pobreza no está asegurada. Aún quedan 1,2 millones que viven en esa condición y los resultados de la CASEN dan algunas luces de cómo avanzar.
Primero, los recursos públicos no son un barril sin fondo y más impuestos repercutirán en menor dinamismo. Necesitamos volver a crecer con fuerza para poder financiar ayudas sociales y, más importante, crear empleos para que las personas puedan derrotar la pobreza por sus propios medios. Hoy casi 63 de cada 100 pesos de ingresos del 10% más pobre proviene del Estado, es esencial reducir esa dependencia.
Segundo, la CASEN demostró la importancia de la focalización de las ayudas estatales en las familias más pobres. Una mirada complementaria debiera considerar que los adultos mayores son hoy el segmento de la población menos pobre. El gobierno debiera tomar nota de ello cuando insiste que los actuales niños y jóvenes -relativamente más pobres- deban financiar mejores pensiones.
Finalmente, la reducción de la pobreza también habría sido menor sin la explosiva inflación de los últimos meses. El Congreso debió haber hecho mucho más por evitarla evitando la aprobación de los retiros de ahorros previsionales que cambiaron recursos de un bolsillo a otro, pero que afectaron especialmente a los más vulnerables minando el poder adquisitivo de sus ingresos.
Es de esperar que la parte del Presidente Boric que no quiere derrocar el capitalismo comprenda estas lecciones y que su gobierno busque decididamente volver a crecer.
Columna de Pablo Eguiguren, Director de Políticas Públicas, publicada en La Segunda.-