¿Gini, Homicidios y Mortalidad Infantil?

El Democrata

En días recientes visitaron el país dos celebres epidemiólogos ingleses: los profesores Richard Wilkinson y Kate Pickett, de la University College de Londres y la Universidad de York. Su visita, organizada por la Facultad de Medicina de la UDD, no pasó desapercibida -al menos para quienes nos interesamos en políticas públicas- pues

ambos académicos son figuras insignes de una línea de investigación que busca relacionar índices de dispersión del ingreso (como el famoso Gini) con diferentes indicadores de salud (desde mortalidad infantil hasta sobrepeso) pero también con indicadores de bienestar social (como tasas de encarcelamiento e innovación).

Como era de esperarse, la presencia de Wilkinson y Pickett entusiasmó especialmente a sectores de izquierda, que ven en sus investigaciones una comprobación científica de que una mayor dispersión de ingresos en la sociedad sería dañina para la salud de todos los miembros de la sociedad –tanto de pobres como ricos-. El libro The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better de 2009, reúne muchos de los hallazgos de esta dupla, y fue recibido con innumerables elogios por la crítica (especialmente de izquierda) pues en su momento en Inglaterra se interpretó como un espaldarazo irrefutable a unos de los principios centrales del sector, confirmando que siempre habrían estado en lo correcto –y la derecha equivocada-,  y por supuesto, justificaría a las políticas redistributivas asociadas (sean cuales sean). Algo similar a lo que hemos visto en EE.UU. con las investigaciones que buscan establecer una relación causal entre una menor dispersión del ingreso y un mayor crecimiento económico, las cuales de la mano de los Nobel Krugman y Stiglitz han sido ampliamente difundidas.

Pero tras los primeros elogios de la prensa a The Spirit Level vinieron análisis más rigurosos y cuestionamientos serios a los datos y la metodología empleada por los autores, quienes obtienen sus conclusiones a partir de dos muestras: un grupo de países  de alto ingreso y 50 estados de los EE.UU.

Beware of the False Prophets: Equality, the Good Society and The Spirit Level, es el  sugerente título del libro del ex profesor de Sociología en la Universidad de Sussex, Peter Saunders, quien partiendo de los mismos datos utilizados por de Wilkinson y Pickett, pone en duda prácticamente todas las conclusiones de The Spirit Level, pero  además -y quizás más importante- cuestiona el modelo y la lógica que subyace a la relación causal desde distribución del ingreso a daño a la salud.

Lo primero, es que si bien Wilkinson y Pickett parten de una muestra de los 50 países más ricos del mundo, pues aseguran que esta es una preocupación para países de alto ingreso y no así para países pobres, finalmente terminan analizando a menos de 25, sin entregar mayor justificación.

Saunders al incluir los países arbitrariamente excluidos, muestra que las correlaciones son bastante débiles y de hecho, muchas de las relaciones desaparecen completamente al dejar de considerar uno o dos países de la muestra. En general, EE.UU. con su mayor Gini, altas tasas de obesidad infantil, gran población penal, alto número de homicidios y otros problemas explica gran parte de la correlación encontrada por los epidemiólogos. Así lo que The Spirit Level realmente ilustra es que el mundo angloparlante -Inglaterra, EE.UU. y Australia- tiende a tener peores indicadores de salud que los países nórdicos, los cuales tienen coeficientes de Gini más bajos, pero al mirar el resto de los países de la muestra, o los subconjuntos nórdicos y anglo por separado, no hay relación alguna.

Al mirar los estados de EE.UU., Wilkinson y Pickett ven una comprobación rigurosa a sus correlaciones, pues al tratarse del mismo país permitiría controlar por factores culturales -y sí, todas sus aseveraciones se basan en correlaciones simples, sin siquiera considerar diferencias en niveles de pobreza o ingreso-. Lo anterior, sin embargo, olvida la diversidad cultural de los EE.UU., Saunders al incorporar controles para la población afroamericana e hispánica, así como para las diferencias entre el norte y el sur de los EE.UU. desbarata completamente las relaciones.

En fin, la tesis de Wilkinson y Pickett simplemente no es respaldada por sus propios datos, y de hecho, otros indicadores de “salud social” como suicidios, racismo, consumo de alcohol y prevalencia del VIH mostrarían una correlación inversa con el Gini, lo que no quiere decir que una menor dispersión de los ingresos los cause, sino simplemente que los resultados de The Spirit Level parecen muy poco robustos y más bien el esfuerzo de un par de científicos sociales demasiado comprometidos. Las recomendaciones de políticas pública a partir de las conclusiones de Pickett y Wilkinson parecen directas para algunos, pero considerando lo dudoso de lo que subyace a las mismas, debemos ser muy cuidadosos antes de tomar cualquier decisión apresurada.

 

Columna de Francisco Klapp, investigador del Programa Económico de LyD, publicada en El Demócrata.-

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