ENCLA 2014: Los porfiados hechos

Pulso

“Si la realidad no se ajusta a mi teoría, entonces mal por la realidad”. Esta frase resume en forma acertada lo que ha ocurrido con el proyecto de reforma laboral, cuyo diagnóstico parece ser sacado de una película de ficción. Al analizar los datos se comprueba una y otra vez que este diagnóstico de la CUT y la Nueva Mayoría no se condice con la realidad del mercado laboral chileno.

La encuesta ENCLA 2014, recientemente dada a conocer por la Dirección del Trabajo, nuevamente muestra una situación totalmente divergente de los mensajes que rodean este proyecto. La mirada central de la reforma laboral es que “los trabajadores no se están beneficiando del crecimiento de la economía, y es necesaria una mejor distribución de las ganancias de productividad”. Esto es contrario al hecho de el crecimiento del PIB y de la masa salarial real están alineados hace tiempo, y adicionalmente en la última década la masa salarial crece en términos reales más que el PIB. Esta evidencia es corroborada por la comparación de encuestas ENCLA sucesivas, que muestran aumentos importantes de las remuneraciones reales. Adicionalmente, aunque sigue siendo mayoritaria la proporción de trabajadores que recibe menos de tres ingresos mínimos, en 2008 ese porcentaje era 72,5% y se redujo a 66,6% en 2014. Seguir mejorando esta realidad exige aumentos de productividad de los trabajadores con menor calificación, tema que no está siendo abordado en forma efectiva por el actual gobierno.

El mensaje del proyecto plantea también que “las relaciones laborales están caracterizadas por falta de confianza y colaboración”. Pues bien, la ENCLA vuelve a confirmar un clima de conflictividad muy reducido, en que sólo un 2% de los trabajadores y un porcentaje similar de empleadores percibe conflicto frecuente en su empresa. Por otra parte, un 76% de trabajadores califica el conflicto como inexistente y un 22% como aislado. Estos números, muy similares a los de ENCLA’s anteriores, hablan de un clima laboral de completa normalidad.

Otro objetivo de esta reforma es profundizar la organización sindical. Es efectivo que en la mayoría de las empresas en Chile no existe sindicato, pero esta encuesta muestra que las razones mayoritarias tienen mucho que ver con una realidad caracterizada por pequeñas y medianas empresas, en que el rol de un sindicato se diluye. Cuando se pregunta a los trabajadores por qué no han formado un sindicato, un 30,1% lo atribuye a que no hay suficientes trabajadores y un 26,6% a que no ven la utilidad de un sindicato. Sólo un 1,2% piensa que existe una actitud negativa de la empresa al sindicato, un 4,5% lo atribuye a temor a represalias y un 5,5% a temor a ser despedido. Por otra parte, en un 65% de las grandes empresas existe uno o más sindicatos, cuyo rol es evaluado positivamente por más de un 70% de los empleadores. Esto podría revertirse en un contexto de sindicalización forzada, en que los dirigentes sindicales pierden el incentivo a validar su rol frente a los empleadores y el resto de los trabajadores.

Por último, el mensaje del proyecto establece que “las actuales normas de derechos colectivos obstaculizan los acuerdos entre las partes”, y que además “existe un escaso diálogo entre los actores y limitaciones significativas al entendimiento”. Sin embargo, los datos de la ENCLA no evidencian ninguno de esos problemas. La negociación colectiva es percibida en forma muy favorable por los trabajadores, tanto en lo que respecta a su conveniencia como en la actitud de la empresa en la misma. Un 93,7% de los trabajadores de empresas con sindicato considera que la negociación fue conveniente, porcentaje que se reduce algo para empresas sin sindicato a un 67,3%. Por otra parte, sólo un 18,7% de los trabajadores considera que la empresa tuvo una actitud obstaculizante en la última negociación colectiva, porcentaje que es de 1,8% en empresas sin sindicato y de 22% en empresas con sindicato. La percepción de una actitud favorable es mayoritaria para ambos tipos de empresa (53,2%), lo que confirma lo errado del mensaje del Ejecutivo.

Lo preocupante es que todo indica que esta reforma laboral será aprobada sin los necesarios ajustes, demandados no sólo por la oposición, sino también por parte de los legisladores de la Nueva Mayoría. Nada bueno se puede esperar de una reforma que busca modificar lo que no existe, con el sólo objetivo de empoderar artificialmente a la dirigencia sindical. 

 

Columna de Cecilia Cifuentes, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-

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