Papá ochentero

Voces La Tercera

Jose-Ramon-ValenteLa generación del milenio o “millennials”, como se les conoce mas comúnmente, se refiere a quienes nacieron de 1980 en adelante. Es decir, los más maduros de esta generación tienen aproximadamente 35 años.

Los profesionales que se dedican a estudiar el comportamiento de distintos grupos de personas, definen a los “millennials” como personas que les preocupa más el camino que el destino. Es decir, a diferencia de la generación anterior, los jóvenes actuales no están dispuestos a grandes sacrificios hoy para lograr eventuales beneficios en el futuro. Por ejemplo, cuando mis compañeros y yo egresamos de la universidad en 1986, nuestra mayor preocupación era encontrar trabajo. No importaba mucho ni el sueldo, ni el barrio, ni la empresa y mucho menos el ambiente interno en la oficina. En cambio, hoy un “millennial” que no está conforme con la “pega” no duda en renunciar para buscar una mejor. La consigna sería algo así como “si no estás contento con tu vida, qué esperas para cambiarla”. Muchos de los jóvenes que salen de la universidad ni siquiera buscan trabajo. Primero tienen que darse un tiempo para ellos.

Por cierto este no es un fenómeno que ocurra sólo en Chile; más bien podríamos decir que es un fenómeno propio de los países desarrollados,que también se manifiesta en Chile dado el significativo aumento del ingreso que ha tenido nuestro país en los últimos treinta años. Los “millennials” miran a la generación de sus padres con un poco de lástima. Nuestros padres han vivido apurados. Apurados por trabajar, apurados por casarse, apurados por tener hijos, etc. Todas esas cosas tienen bastante de verdad. Sin embargo, lo que los “millennials” no alcanzan a captar es que para vivir como ellos se requiere un papá ochentero, cosa que nosotros no tuvimos y que ellos aprovechan al máximo.

Los papás ochenteros nacimos en un país mucho más pobre y con menos oportunidades que el actual. Vimos a nuestros padres perderlo todo en el gobierno de la Unidad Popular y volver a perderlo todo en la crisis de principios de los ochenta. Esas experiencias nos enseñaron a valorar el trabajo, a ser ahorrativos y a temerle a los imprevistos. Cuando este país se abrió al mundo y creó instituciones que hicieron posible el emprendimiento y el progreso, se encontró con una generación de jóvenes que, gracias a la educación y al ejemplo de sus padres, supo aprovecharlas para generar riqueza y permitir que Chile diera el mayor salto de su historia en materia de progreso económico y social.

Lo que los “millennials” no parecen entender del todo es que sus padres ochenteros les compramos un seguro que les permite andar relativamente despreocupados por la vida. Ellos, por ejemplo, han podido ir a la universidad a la que la mayoría de sus padres no fueron, porque los papás ochenteros ahorraron o se endeudaron para ello. Y en su defecto, pudieron pedir un crédito para pagar la universidad, opción inexistente en los años ochenta.

Así es que la próxima vez que ustedes,  los sub 35, se apresten a mirar con una mezcla de lástima y desprecio la vida de sus padres, recuerden que la de ustedes no sería la que es sin el enorme esfuerzo y sacrificio de sus viejos.

 

Columna de José Ramón Valente, Consejero de Políticas Públicas de LyD, publicada en Voces La Tercera.-

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