Entrevista a Juan Andrés Fontaine en La Tercera: «Es momento de concretar en materia de productividad»

LA TERCERA JAF“COMBATIR el fraude y la evasión tributaria es válido, pero no participo de esta condena moral o política al concepto de invertir afuera. Creo que es muy positivo y es un elemento consustancial a una economía libre el poder invertir en el exterior, y el uso de los paraísos tributarios me parece una vía válida”, afirma tajante el economista, consultor y académico Juan Andrés Fontaine, a dos semanas de la revelación de los Panama Papers.

El también ex ministro de Economía repasa las cifras económicas y da algunas recomendaciones a la Comisión de Productividad.

¿Qué le pareció todo el revuelo que generaron los Panama Papers?

Hablando del caso chileno, no hay nada ilegal con tener dineros invertidos afuera; al contrario, es positivo.

¿Por qué es positivo?

Porque amplía la independencia financiera del país respecto de los shocks, como el precio del cobre y otros. Es bueno que haya fuentes distintas de ingresos para el país, algunas de las cuales tienen que ver con rentabilidades que obtienen las empresas chilenas en el exterior. Vi a un senador socialista rasgar vestiduras porque según el Servicio de Impuestos Internos hay US$ 11 mil millones invertidos afuera, y me parece que las cifras del Banco Central registran cerca de US$ 150 mil millones invertidos afuera por chilenos, tanto en inversiones reales como financieras, incluidos los fondos de pensiones. Es natural que esto suceda.

Pero lo que se cuestiona es el uso de los paraísos tributarios para evadir el pago de impuestos…

El uso específico de los llamados paraísos tributarios con fines de evasión tributaria o fraude es muy condenable y requerirá de una investigación cada vez que se detecte una acción de ese tipo, pero la mera inversión en un paraíso tributario, en sí no constituye una fuente de sospecha. Hay muchas operaciones legítimas que se canalizan a través de estos países. Por ejemplo, a muchas empresas les conviene armar un holding en un paraíso tributario, desde el cual invierten en otros países, y es algo habitual y no tiene nada de condenable.

No lo ven tan así los organismos internacionales y algunos gobiernos, que quieren poner punto final a estas prácticas…

Irlanda ha sido objeto de una campaña para que suba el impuesto que pagan las empresas, que es de 12,5%. Así como Irlanda hay otros países, como Singapur y Taiwán (que tiene impuestos bajos, de 17%, como tenía Chile antes de la reforma), que están atrayendo capitales. Entonces, detrás de este gran combate a los paraísos tributarios hay un intento de los grandes países para que los más pequeños suban los impuestos. Aquí hay una suerte de colusión tributaria para armar un cartel de los países grandes que pueden subir los impuestos a las empresas y personas sin temor a  que se les vayan  los capitales hacia otros lados. Entonces, los grandes países se ponen de acuerdo para subir impuestos y cerrar los paraísos tributarios, que son los caminos mediante los cuales los más pequeños atraen capitales.

A nivel local, también han inquietado en las últimas semanas casos como AC Inversions y  Arcano. ¿Falló algo o o simplemente ¿cegó la codicia?

Pensar que alguien puede obtener ese nivel de ganancias de forma legítima es una manifestación de ignorancia. Cualquier persona que tenga algo de cultura financiera podría sospechar que detrás de esas rentabilidades ofrecidas hay un fraude. Desde luego, es ignorancia mezclada con la codicia. La segunda bien canalizada puede hacer que la economía funcione mejor y que genere más bienestar; la ignorancia, en cambio, es lo que hay que combatir. Estas experiencias enseñan, aunque sea de una forma dolorosa.

La autoridad está monitoreando la situación y revisando legislaciones, ¿cree que sea necesario?

En la configuración regulatoria existe un perímetro en el cual hay operaciones que están reguladas y hay operaciones que están fuera. El perímetro tiene que ser lo suficientemente amplio para no paralizar operaciones.

Entonces, ¿a su juicio, está bien lo que hay hoy?

Creo que está bien, no sería partidario de ampliarlo. Quizás faltó una supervisión más atenta respecto de estas operaciones que pueden estar al margen del perímetro, vulnerando la normativa. No me parece realista pensar que toda operación sospechosa vaya a ser sometida a autorización previa, sería paralizar la creatividad financiera y empresarial.

Las mismas medidas

Para el ex ministro de Economía, resulta paradójico que el gobierno impulse la productividad y en paralelo su titular de Transportes, Andrés Gómez-Lobo, inicie una campaña en contra de Uber. “Son un emprendimiento innovador que crea más competencia, hay que favorecerlo y no combatirlo”, dice, y agrega que los taxis, que hoy están en pie de guerra contra Uber, ofrecen un servicio distinto.

“Por cierto, revisaría la regulación de los taxis, que quizás es excesiva, pero el tratar a una industria de este tipo (Uber) -que ha hecho una innovación en todas partes del mundo- como a piratas me parece reñido con el emprendimiento, la competencia y la innovación”, sentencia.

Más allá de Uber, ¿qué le parecen estas 152 medidas, contando las 109 de la CPC, presentadas para impulsar la productividad?

Esta verdadera lluvia de agendas me parece muy positiva, refleja la necesidad de hacer algo para retomar el crecimiento. Destaco el trabajo de la Comisión de Productividad al examinar el entorno general y hacer recomendaciones de carácter institucional. Es como un ladrillo que se va construyendo con los anteriores; gran parte de las medidas propuestas estaban en la agenda de impulso competitivo en la que participé, es decir, son más menos las mismas medidas que hace cinco años estuvieron en agenda.

Pero quedaron en el camino...

Claro, si bien es positivo que se sigan considerando valiosas, es negativo que aún no se concreten. Es momento de concretar en materia de productividad y voy a dar una sugerencia: hay ocho proyectos de ley que forman parte de la agenda y que fueron enviados en el tiempo del Presidente Piñera, entonces, sería bueno que el gobierno le pida la opinión a la comisión sobre esos proyectos y se les ponga urgencia, para que de aquí a seis meses puedan ser ley. Estoy hablando de cabotaje, la firma electrónica, la contratación de jóvenes estudiantes y otros.

“El gran riesgo de esto es que se transformen en presentaciones de agenda o en el envío de proyectos al Congreso, y si se terminan aprobando, que la cosa llegue hasta ahí”, advierte Fontaine desde su propia experiencia, recalcando que este trabajo debe ser un continuo.

Recuerda que con la agenda de impulso competitivo crearon una oficina de competitividad en el Ministerio de Economía, que fue desmantelada por el actual gobierno. Nuevamente reflexiona y advierte: “Volvemos una y otra vez a lo mismo. Las medidas en favor de la productividad exigen enfrentarse a intereses políticos y empresariales que se benefician del statu quo y hay que tener la voluntad política y la capacidad técnica para afrontar esos intereses”.

Lamentable proyección

El FMI, entidad que suele ser conservadora, recortó esta semana la proyección de crecimiento para Chile a 1,5% en 2016. ¿Qué le parece? ¿Comparte la cifra?

Creo que sería muy lamentable que se hiciera realidad esa proyección y me extrañaría que lo fuera. Hay capacidad en Chile para crecer más, las cifras de los primeros dos meses del año sugieren que en los sectores de servicios hay algo más de fuerza que lo que podría derivarse de esa proyección. Mis cálculos están debajo del 2%, pero sobre el 1,5%.

Es la quinta vez que nos bajan la proyección y aún nos queda un año. ¿Vendrán más recortes?

Esas revisiones sucesivas a la baja reflejan una creciente desilusión con la capacidad del gobierno de asumir con decisión y eficacia el desafío del crecimiento. Deliberadamente se dijo ‘no le damos prioridad al crecimiento’, segundo, ‘estamos dispuestos a que el crecimiento sea menor, como costo a pagar por estas reformas que consideramos valiosas’. Esa combinación es la que nos ha llevado a estos resultados lamentables.

El gobierno dijo que llegaba hasta aquí con las reformas, ¿cómo lo lee? ¿Hay un mea culpa?

No sé si hay un mea culpa, pero sí creo que el gobierno ha recapacitado en este aspecto y son muy valiosas esas declaraciones que se han identificado con la metáfora de la obra gruesa concluida, y son muy importantes los anuncios de medidas en favor de la productividad.

¿Le cree, entonces, al gobierno en cuanto a cambiar el rumbo?

Creo que hay una definición del gobierno en cuanto a encarar el desafío del crecimiento (...). Por otra parte, el conjunto de señales que emite toda la coalición de gobierno es muy perturbadora, porque casi al unísono de esta declaración de que la obra gruesa está casi concluida, en lo laboral, senadores como Juan Pablo Letelier dicen que la reforma es el primer paso y lo siguiente es la negociación por área y ramal. Eso les da la razón a quienes están previendo que la retroexcavadora ha avanzado y va a seguir trabajando en demoler los cimientos de la economía social de mercado que tenemos.

Ahora, la extensión de beneficios,  la titularidad sindical, la información a los sindicatos están en el Tribunal Constitucional. ¿Cuál es su expectativa?

Espero que en el TC algunas de estas materias puedan salvarse, pues aparentemente algunas de estas normas están reñidas con la Constitución. Lamentablemente, las energías políticas y técnicas que se han destinado a esta larga discusión fueron para una reforma laboral pensada en el siglo XX y no en el siglo XXI.

Otra reforma que inquietó al mundo privado fue la tributaria. ¿Le sorprendieron las cifras de recaudación con alzas de 12,2% en lo general y de 24% en impuesto a la renta?

La recaudación tributaria ha sido superior a lo esperado por dos factores puntuales: el beneficio tributario para el llamado blanqueo de capitales (US$ 1.500 millones), y el otro factor es que inesperadamente todos los impuestos recaudaron más, al parecer, por las medidas y el ambiente que se dio para disminuir la evasión, pero no sabemos si es algo permanente o no. En  todo caso, la recaudación sigue siendo muy inferior a la que habríamos tenido con la economía creciendo al 5%. Los mayores impuestos apenas compensan la menor recaudación por el menor crecimiento.

 

Fuente: La Tercera.-

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