ALERTA CONCEPTUAL ANTI POLÍTICA

El concepto de “anti política” es uno de los términos que mayor relevancia ha cobrado en la discusión sobre asuntos públicos a nivel internacional, pero también, comienza a asomar con fuerza en la esfera doméstica. El surgimiento de líderes que arremeten con fuerza en contra del establishment político, impugnando a las elites partidarias, parece cada día una aproximación electoral más atractiva para la ciudadanía, así como efectivas para estas candidaturas; esto en las más diversas latitudes: EE.UU., España, Francia, Hungría, Brasil y, recientemente, Argentina.

 

La noción de anti política remite a una fuerza destituyente, que no tiene otro norte que buscar deshacer la capacidad de las viejas elites partidarias de gobernar, preparando el terreno, para que ese vacío de poder sea llenado por fórmulas alternativas de representación. Estas formas alternativas de representación aspiran a derribar los canales tradicionales de intermediación institucional, culminando, en la mayoría de los casos, en derivas autocráticas y/o populistas, caracterizadas por una posición refractaria a la política tradicional y sus instituciones, para así, obtener poder a costa de las élites y del conflicto ideológico[1].

 

Las narrativas anti clase política son de larga data y poseen múltiples raigambres, por lo que podríamos plantear que la anti política, de alguna forma, siempre ha estado a la sombra de la política. Así las cosas, mientras el anarquismo propuso el fin del Estado y de toda forma de autoridad jerárquica, el marxismo canalizó su pulsión anti política, articulando, una arremetida en contra de la democracia burguesa. En las antípodas, el pensamiento libertario, también se alimentó de una fuerte pulsión anti política, encontrando en el anarcocapitalismo su expresión más prístina. Asimismo, hubo una etapa en que la respuesta al marxismo vio en la exacerbación del influjo de la asepsia técnica, un espacio para sustituir el natural espacio normativo de la política. Sin embargo, en la actualidad, una nueva expresión anti política ha emergido con fuerza, una anti política de corte iliberal[2], que lesiona no sólo a los actores políticos tradicionales de la primera línea, sino que también a las instituciones de la democracia representativa liberal.

  • La motivación detrás del discurso anti política

La principal motivación de la anti política es vaciar el contenido técnico, ideológico y programático de la política, reemplazándolo por emociones más primigenias, pero no por eso, menos válidas o atractivas para el electorado[3]: rabia, ira, frustración y miedo, entre otras. Las que son activadas, manipuladas y conducidas hacia el liderazgo que impulsa esta impugnación, quien se erige, como una especie de “soberano negativo”.

 

Los líderes que comulgan con la anti política comprenden y divulgan la idea de que la política es un cuerpo extraño a la vida social, que se impone ilegítimamente a los individuos y a la sociedad civil, siendo ésta perjudicial para ella o, en el mejor de los casos, inútil[4]. La promesa detrás de la oferta anti política es que se debe ir más allá de la política tradicional para establecer un sistema que genuinamente sirva al interés común[5]. Paralelamente, la aspiración de que se pueden constituir nuevas formas de representación, desbordando los canales institucionales, se alimenta poderosamente del creciente nivel de desafección y desconfianza hacia las instituciones de la democracia representativa.

 

Pese a lo anterior, es importante no asimilar el concepto de anti política al de despolitización. La despolitización es la ausencia de compromiso e interés con la actividad política, pero la anti política supone la construcción de un enemigo en quienes detentan y representan el poder político, para deslegitimarlos. Ahí radica la diferencia.

 

  • Factores que alimentan la anti política

Por un lado, la corrupción sistémica, es un caldo de cultivo tremendamente efectivo para el surgimiento de narrativas que exacerben la ineptitud de una supuesta elite corrupta y privilegiada de políticos, quienes únicamente atienden a sus propios intereses. En este encuadre, todos los males que aquejan al país serían responsabilidad de divisiones artificiales e irrelevantes generadas por los actores políticos institucionales: “la casta”.

 

En segundo lugar, la desconexión entre el mundo de la “alta política” o la clase dirigencial del país respecto de las urgencias sociales más apremiantes constituye también una brecha insondable, la que es vista por líderes populistas como una ventana de oportunidad para ocuparla y dotarla de contenido.

 

La anti política es también, en cierta medida, el fracaso de la política a la hora de cumplir satisfactoriamente sus promesas, en términos de aumentar desmedidamente la expectativas en torno a cambios de difícil implementación y en enfrentar responsablemente procesos de rendición de cuentas ante los electores frente a compromisos empeñados. En definitiva, la anti política es también una respuesta natural a la demagogia.

 

Finalmente, la falta de progreso económico y la desatención de las prioridades de la ciudadanía, como por ejemplo, la seguridad ciudadana, son también factores que facilitan la irrupción de narrativas anti políticas.

 

  • El caso chileno

En Chile, los signos más evidentes de anti política han sido, por un lado, la sorprendente performance electoral de la “Lista del Pueblo” para la elección de convencionales constituyentes de 2021. Muchos componentes clásicos del discurso anti política estuvieron presentes en esa campaña, la que trajo réditos electorales escogiendo 25 de 155 convencionales. Ese mismo año, un candidato de orientaciones programáticas totalmente distintas también vio en la narrativa anti política una ventana para posicionarse con fuerza: el candidato del Partido de la Gente, Franco Parisi, quien obtuvo el tercer lugar de las preferencias en la primera vuelta presidencial 2021, con un 13% de los votos, realizando su campaña de manera completamente telemática, sin haber pisado el territorio nacional durante ese periodo.

Por último, un componente significativo del electorado que se muestra más proclive a apoyar la opción En contra en este segundo proceso constitucional, lo hace como una alternativa ante el hastío, cansancio y decepción frente a la clase política y dirigencial. Sin ir más lejos, un estudio de la encuestadora Criteria realizado durante el mes de octubre, indicaba que, de aprobarse la nueva constitución en diciembre, bajo respuestas múltiples, un 54% de los consultados mencionó que ésta beneficiaría a la clase política y un 53% a los partidos políticos, mientras que sólo un 15% de los entrevistados indicó que favorecería a “gente como yo”.

El presente texto corresponde a una sección del Informe de Coyuntura Política N° 20 - noviembre de 2023

 

 

[1] Hernández, M. (2023). ¿Qué es la anti política? En Revista Uruguaya de Ciencia Política. Vol. 32, N°1, pp. 9-29.

[2] Zakarias. F. (1997). The Rise of Illiberal Democracy. En Foreign Affairs. Vol. 76, No. 6, pp. 22-43.

[3] Innerarity, D. (2015). La política en tiempos de indignación. Editorial Galaxia Guternberg.

[4] Truffeli, M and Zambernardi, L. (2021). Taking modernity to extremes: On the roots of Anti-politics. En Political Studies Review. Vol 19 (1), pp. 96-110.

[5] Sintomer, Y. y Abbas, N. (2022). Tres imaginarios del sorteo en la política. ¿Democracia deliberativa, antipolítica o radical? En Nueva Sociedad, 298.

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