7 PREGUNTAS PARA ENTENDER LA IMPORTANCIA DEL SIMCE

Luego de que transcurrieran casi 7 meses desde su aplicación, la Agencia de la Calidad de la Educación dio a conocer los resultados del SIMCE 2022, los que contribuirán con información de gran relevancia para el quehacer del sistema escolar.

El año pasado, sin embargo, el gobierno se había resistido a aplicar esta medición y, en cambio, había presentado un plan de evaluación que consideraba sólo la realización de mediciones muestrales. El Consejo Nacional de Educación (CNED), afortunadamente, rechazó dicha propuesta y recomendó su aplicación censal, tal como finalmente se hizo, lo que hoy nos permite evaluar la evolución registrada desde antes de la pandemia, así como determinar el estado en que se encuentran los aprendizajes de los estudiantes en todo el país.

Con todo, la idea original del gobierno da cuenta de que aún existe un desconocimiento de lo que es el SIMCE y lo que éste posibilita. Es por ello que, en un intento de contribuir a aclarar dudas recurrentes que surgen en relación a éste, a continuación respondemos 7 preguntas claves que permiten entender en qué consiste el SIMCE, así como su relevancia.

 1. ¿Qué es el SIMCE?

El SIMCE es una evaluación estandarizada y externa a los establecimientos educacionales, que se realiza de forma periódica y censal –esto es, a todos los estudiantes del país que se encuentren en los niveles examinados- y que tiene por objeto proveer información sobre los logros de aprendizaje a partir de una medida común en las diferentes áreas del currículo nacional.

La primera aplicación del SIMCE data del año 1988, aunque la serie actual de resultados comparables se remonta a 1999. Previamente, desde 1968, existieron otros esfuerzos evaluativos para generar información sobre el desempeño del sistema escolar, los que fueron institucionalizados con la creación del SIMCE y más tarde con la creación del Sistema de Aseguramiento de la Calidad en 2012.

Si bien en un comienzo el SIMCE sólo se aplicaba a los estudiantes de 4° y alternadamente a los de 8° básico o II medio, con el tiempo se extendió también a los de 2° (lectura) y 6° básico, así como a los de III medio (inglés).

2. ¿Qué información nos entrega el SIMCE?

Además de los puntajes individuales y agregados por establecimiento, dependencia educativa, nivel socioeconómico, etc., los resultados del SIMCE permiten identificar el grado en que cada estudiante cumple o no con los aprendizajes esperados para su nivel. Ello se mide a través de los Estándares de Aprendizaje, que describen lo que los estudiantes deben saber y poder hacer para cumplir los objetivos de aprendizaje definidos en las bases curriculares. Así, estos estándares permiten categorizar el aprendizaje de los estudiantes en tres niveles: Adecuado, Elemental e Insuficiente.

Adicionalmente, los resultados del SIMCE, junto con los indicadores de desarrollo personal y social, se utilizan para clasificar a los establecimientos de enseñanza básica y media en Categorías de Desempeño que permiten identificar dónde se encuentran las mayores necesidades de apoyo y así guiar la labor por parte del MINEDUC. Estas categorías pueden ser: Alto, Medio, Medio-Bajo e Insuficiente.

Por último, el SIMCE recoge información sobre el quehacer de los profesores, estudiantes y apoderados a través de cuestionarios, la que se utiliza para contextualizar y analizar los resultados de los estudiantes en las pruebas.

 3. ¿Por qué son importantes las evaluaciones como el SIMCE?

La principal ventaja de una prueba estandarizada como el SIMCE es precisamente su estandarización, esto es, que tanto su contenido como las condiciones para su aplicación han sido pensadas para definir un estándar de lo que se espera que un alumno puede aprender. Dado que la evaluación de diferentes profesores sobre un mismo trabajo puede variar, así como también el nivel de exigencia y las condiciones de cada escuela a lo largo del país, las pruebas estandarizadas ofrecen una objetividad que las convierte en punto de referencia para la comparación que de otro modo no tendríamos.

4. ¿Para qué sirve el SIMCE?

En primer lugar, uno de los mayores beneficios de las pruebas estandarizadas es que son una de las pocas maneras en que las familias pueden saber lo que está pasando al interior de éste a partir de una fuente externa al mismo.

En segundo lugar, el SIMCE permite que cada establecimiento educativo pueda saber cómo se ubica en relación al resto, entregándole información para orientar su quehacer y robustecer su autonomía.

Tercero, éste también entrega valiosa información a los gobiernos respecto a dónde están los estudiantes, colegios y sectores con mayores carencias de aprendizaje, permitiéndoles concentrar en ellos su apoyo y favoreciendo una mejor gestión de los recursos públicos.

Cuarto, al realizarse de forma periódica, el SIMCE permite además hacer un seguimiento del desempeño del sistema y los establecimientos en el tiempo, proveyendo información para evaluar políticas públicas una vez que ya han sido implementadas y favoreciendo la introducción de mejoras.

Por último, considerando que en el país la mayoría de las escuelas se financian en virtud de recursos públicos, la información que proporciona el SIMCE favorece la transparencia y permite que los contribuyentes conozcan los frutos que están rindiendo los dineros que éstos aportan.

 5. ¿Qué debiéramos exigirle hoy al SIMCE?

Para que esta evaluación pueda cumplir de menor manera con sus propósitos, hoy se requiere mayor transparencia, esto es, que la información se disponga de manera tal que favorezca su utilización, en especial por la toma de decisiones de las familias. Asimismo, se requiere reducir el tiempo que transcurre entre su aplicación y la entrega de los resultados, de tal manera que los establecimientos educativos puedan disponer de ellos de forma oportuna para tomar mejores decisiones pedagógicas.

6. ¿Qué diferencia hay entre el SIMCE y evaluaciones con propósitos netamente formativos?

Así como las pruebas estandarizadas pueden aportar de la manera que ya hemos señalado, también existen evaluaciones externas que pueden tener propósitos formativos, esto es, que contribuyen con los esfuerzos locales, al interior de una escuela, pero que no se rinden en condiciones equivalentes ni estableciendo un estándar de aprendizaje como las primeras, de manera que no aseguran la foto objetiva que éstas entregan.

La evaluación formativa, en cambio, busca que el docente pueda identificar el nivel en que se ubica cada estudiante de manera detallada durante el mismo año, y así volver sobre un mismo tema de forma diferente y que quienes tienen distintas formas de aprender puedan alcanzar igualmente el resultado esperado.

De esta forma, ambos instrumentos evaluativos son complementarios; mientras la evaluación formativa es una herramienta directa para la labor docente en cada establecimiento educativo, la evaluación estandardizada como el SIMCE trae beneficios más allá de la escuela, favoreciendo la toma de decisiones de las familias, los contribuyentes, gobiernos y hacedores de política pública en general.

7. En suma, ¿quiénes se benefician de que haya un sistema evaluativo como el SIMCE?

En suma, es el sistema educativo en su conjunto el que se beneficia de la existencia de un sistema de evaluaciones estandarizadas y externas. Es por ello fundamental perseverar en que éste se mantenga en el tiempo, manteniendo además su carácter censal, así como su frecuencia y periodicidad, cuidando la comparabilidad que éste permite y que de otra forma no pondríamos tener.

 

 

 

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